7.feb.2013 / 03:17 pm / Haga un comentario

Cada vez que se aproxima un aniversario del 4 de febrero de 1992, comienza una controversia semántica con la intención de dilucidar, si lo que ocurrió fue un golpe, una insurrección o un alzamiento militar; esto, tal vez con el objeto de desdibujar las motivaciones o las razones reales por las cuales ocurrió dicho evento. Tal vez para justificar reacciones como la inolvidable expresión de: “muerte a los golpista”, del hoy desaparecido abogado adeco David Morales Bello, Esta controversia también pudiera servir para que los actores políticos de la Cuarta República aminoren sus sentimientos de culpa, consolándose con acusar a los bolivarianos rebeldes de golpistas. Esta discusión estéril también sirve para que los defensores de la Cuarta República se puedan preguntar rabiosos las razones por las cuales los chavistas consideramos tal fecha como día de la dignidad? Confieso que antes del 4F, cada vez que conocía de uno de los tantos despropósitos de los abusadores de la política de entonces, me preguntaba ¿Será que en este país no existe un hombre que sea capaz de enfrentar este estado de cosas? ¡Perdóneseme el machismo, pero confieso que en silencio o abiertamente siempre pensé en el género masculino!

Debo admitir que me enardecía y entristecía a la vez, observar como gente sin méritos, distintos a tener amigos en el alto gobierno, llegaban a ocupar altas posiciones académicas como autoridades universitarias. De verdad cuesta ver hacia arriba y respetar a quien sin méritos ganados a punta de tesón, y no de empujones, codazos y zancadillas, pretenda “jefaturear” a un colectivo académicamente formado: forjado en las aulas de clase y con el trabajo diario en el campo de acción de cada cual! En otro órden de ideas, era frustrante comprobar que sacar la cédula o el pasaporte se convertía en una verdadera agonía. Entristecía ver como algunos personajes políticos mostraban riqueza súbita, imposible de explicar o justificar con trabajo honesto. Al fín llegó el día que una gota derramó el vaso del colectivo, como fue la liberación del precio de la gasolina y de todos los insumos agrícolas, comenzando por los fertilizantes y siguiendo con todos los insumos que terminaban en cida (herbicida, insecticida, fungicida…).

La consecuencia inmediata de tales “ajustes” macroeconómicos, fue un alza especulativa y usurera del precio de los alimentos, lo cual desbordó el vaso de la paciencia de los guareneros, debido también, al aumento exagerado e inconsulto de los precio del transporte colectivo. El “guarenazo” sirvió de punto de ignición para que se produjera el incendio del 27 de febrero de 1989, conocido como el “caracazo”. Aunque aparentemente, esta candela voraz fue extinguida a palo, planazo y plomo por los gendarmes del gobierno de Pérez, la misma se extendió silenciosamente por debajo de la hojarasca en todo el país, incluyendo los cuarteles, lo que sin duda dio origen al 4 de febrero de 1992. Esta llama de esperanza se mantuvo en vida latente por algunos años. Sin embargo, en el país quedó el “por ahora”, como tizón o cagajón prendido, que sólo necesita un buen para que la candela vuelva a coger sabana y no pueda pararla nadie.

Aunque me expongo a ser calificada de golpista, confieso que el alzamiento de los militares del 4F produjo en mí la certeza de que por fín habían aparecido unos hombres que sufrían junto con nosotros, la tristeza y la frustración que produce el saber que la Patria está siendo humillada, maltratada y saqueada. Esa es la razón por lo que a partir de esa fecha he dedicado todo mi entusiasmo, todo mi empeño, todo mi tiempo y todo mi trabajo a demostrar con el verbo, tanto escrito como oral y con acciones, que es posible un país conducido de una manera distinta, un país sin excluidos , un país donde nos respetemos, un país donde nos reconozcamos, un país donde usemos el poder para servir, un país donde la justicia nos iguale; un país donde distribuyamos la riqueza de la Patria de forma equitativa; para que todos podamos vivir cada día mejor; que en palabras del Presidente Hugo Chávez, es vivir viviendo. ¡Para que todos podamos en colectivo superar la pobreza material y espiritual!

Por todo lo anterior, podemos concluir que está absolutamente prohibido, repetir algunos de los vicios y despropósitos que hicieron que una inmensa mayoría del pueblo venezolano repudiara la forma de gobernar de la Cuarta República. Que a nadie se le olvide por qué se enfrió el amor del pueblo por los gobernantes de la cuarta república! Que a nadie se le olvide por qué el amor del pueblo se mudó desde la Cuarta República para anidarse en el corazón de Hugo Chávez, el líder de la Quinta República! Que a nadie se le olvide que el amor no pasa, que el amor es eterno, que el amor no se muere, pero que se muda! Si somos humildes para entenderlo y no nos dejamos deslumbrar por los relámpagos fugaces del poder, Viviremos y venceremos!

Antonia Muñoz

San Juan de los Morros, 6 de febrero de 2013

 

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