13.mar.2012 / 04:41 pm / Haga un comentario

Por Rodrigo Cabezas.- En los próximos días y meses se debe iniciar un gran debate nacional en Venezuela en relación con los proyectos de sociedad que ofertan a nuestro pueblo las dos opciones políticas que, formalmente, competirán el venidero 7 de octubre de 2012, por la Presidencia de la República.

La derecha venezolana no dirá su plan, no será sincera, apenas dibujarán pinceladas generales, sin mayor precisión en relación con temas capitales como el papel del Estado, la política económica y social, la política exterior y, particularmente, el tema estratégico-histórico de la industria petrolera.

La historia contemporánea de Venezuela de fines de siglo XX abona este criterio. En las campañas electorales de 1978 (Luis Herrera- Copei), 1988 (Carlos A Pérez- AD) y 1993 (Rafael Caldera- Convergencia-MAS) los candidatos presidenciales vencedores ocultaron descaradamente que en el ejercicio del poder aplicarían el recetario del Fondo Monetario Internacional (FMI). Originado en “el consenso de Washington”, se sustentaba en tres grandes pilares que le daban “la lógica neoliberal” al paquete: reducir el papel del Estado en la economía, una política macroeconómica de ajuste recesivo y un proceso de apertura y desregulación a favor del capital privado extranjero.

En este sentido, nada ha cambiado en el esquema del pensamiento económico del FMI; los acontecimientos dramáticos en Europa, con sus gobiernos aplicando la estrategia de la austeridad para volver a la recesión en 2012, es la más clara evidencia de lo afirmado.

La derecha económica venezolana tiene igual comportamiento. Siguen aferrados ortodoxamente al altar religioso de la economía de mercado y su supuesta eficacia para asignar recursos y garantizar un curso en equilibrio de los procesos productivos. Esta derecha se mimetiza tras el candidato de la oposición e intenta ocultar su programa o propuesta en el campo económico; no obstante, ya tenemos suficiente para desenmascarar a la “Mesa de la unidad Democrática” y a su abanderado presidencial Intentan presentar su programa económico sostenido en el gradualismo, descartando medidas de shock y en la teoría de “la confianza” al sector privado nacional y extranjero.

Es pues, una argumentación para capturar ingenuos en un país cuya conciencia política ha alcanzado tal nivel que les será imposible “vender” lo que en definitiva es el paquete económico del FMI. La anestesia de la gradualidad fondomonetarista no significa otra cosa que la destrucción de avances significativos en cambios estructurales en nuestra economía real y monetaria, que viabilizan la expansión del excedente y una justa distribución social del ingreso nacional que, en el mediano y largo plazo, genere bienestar colectivo por satisfacción de necesidades sustantivas y mayor igualdad por reducción de la pobreza.

En consecuencia, la derecha venezolana volvería a desnacionalizar la industria petrolera para no sólo alejarla de su naturaleza social y de siembra del desarrollo socialista, sino para entregarla a intereses transnacionales interesados en el suministro “seguro y barato” de energía petrolera, a fin de alimentar modelos de desarrollo altamente derrochadores.

Esta derecha liberaría el control cambiario para devaluar “gradualmente”, por mandato del mercado, con el supuesto objetivo de incrementar exportaciones, ocultando el interés de una fuga de capital que sólo le sirve a los poderosos económicamente. Con ello liquidaría el esfuerzo realizado por el gobierno bolivariano, liderado por el presidente Hugo Chávez, de fortalecer la posición en activos externos que financien las grandes inversiones para expandir el Producto Interno Bruto (PIB).

Anuncian cambios en la política monetaria que al dejar en libertad a los bancos para fijar las tasas de interés reales positivas (por encima de la inflación), cancelarían con ello el histórico proceso de recuperación progresiva de la intermediación financiera venezolana que acrecentó el rango del crédito productivo.

La liberalización de la economía con total falta de regulación de precios de bienes y servicios, impondría una exacerbación de la ganancia capitalista con impacto grave sobre el salario de los trabajadores. Ir abiertamente contra la nueva circulación monetaria de la renta petrolera, como lo anuncian sus voceros, aboliría la posibilidad de que el Estado utilice una parte de las divisas directamente para financiar los grandes proyectos de desarrollo económico y social, a través del mecanismo distributivo del Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). Esto evitaría que todas las divisas se conviertan en reservas internacionales, con un costo-beneficio perjudicial para la sociedad, tal y como era el mecanismo antes de la reforma de la Ley del Banco Central de Venezuela que hicimos en la Asamblea Nacional en 2005.

No hay nada que graduar cuando te subordinas al FMI. Este es el punto clave del debate. No hay paquete neoliberal con “anestesia”. Los venezolanos y venezolanas no pueden permitir volver a ser “conejillos de indias” de un laboratorio monetarista. Muchos de los responsables de los “paquetes neoliberales” de la cuarta república viven dictando “cátedra” en universidades extranjeras, en el Banco Mundial o en grandes transnacionales financieras. El pueblo al que sacrificaron en el pasado, ahora despertó y en él tenemos confianza para derrotar todo nuevo asomo de neoliberalismo irresponsable.

De cara al 7 de octubre es una obligación quitar la máscara a la derecha venezolana fondomonetarista, neoliberal y reaccionaria. Daremos el debate.

 

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