25.oct.2012 / 06:10 pm / Haga un comentario

Héctor Rodríguez Castro

Hector@psuv.org.ve

@hectorodriguez

Hemos recibido con alegría la noticia de un nuevo intento por conseguir la paz en nuestra hermana Colombia. Colombia, la que nació en Angostura. Colombia, la que soñó Miranda. Colombia, la que creó Bolívar.

Un intento de paz en una guerra que lleva ya más de medio siglo. Cuando,  desde el asesinato de Gaitán, se le cerró el camino democrático a una revolución.

Debemos recordar que no es la primera vez que se intenta un proceso de paz en Colombia. Que la entrega de las armas, por parte de los grupos guerrilleros, significó el asesinato de todos sus líderes en una oportunidad. Que quienes utilizan la guerra para satisfacer intereses geopolíticos y económicos aplicarán todos los poderes facticos para evitar la paz.

La guerra en Colombia es la excusa perfecta para mantener las bases militares del imperio norteamericano en territorio latinoamericano, bases que atentan contra la soberanía de nuestro Sur y que dificultan la concreción del sueño bolivariano de una Latinoamérica unida. Igualmente, la guerra en Colombia dificulta la erradicación del problema de las drogas, detrás del cual se manejan recursos impresionantes. Y aunque  no somos los latinoamericanos los principales consumidores de drogas, este mal afecta socialmente a nuestra población, pues la violencia dejada a su paso genera desolación, desplazamientos, muerte y dolor. Lo cual,  nos obliga a invertir mucho dinero público en seguridad y lucha contra su tráfico. Por todo esto, la paz en Colombia es importante para todos los latinoamericanos y en especial para los venezolanos.

Pero tampoco podemos ser ingenuos en este proceso de paz. No será fácil, son muchos los intereses que intervienen, son muchos los poderes fácticos que conspiraran para que no sea posible, son muchos años en guerra. No podemos aspirar que, lo que no se ha podido solucionar en más de medio siglo de guerra, se solucione en una mesa de negociación. De llegar a acuerdos por la paz, seguramente en Colombia seguirá un profundo debate sobre el modelo económico y social que debe y aspira construir ese país.

Lo que sí podemos esperar es que esta mesa de negociación encuentre las garantías necesarias de seguridad y de espacios de participación para que dicho debate se produzca en un escenario democrático. Existen experiencias de otros países donde el proceso de paz fue posible y donde el camino democrático ha permitido procesos de cambio. No olvidemos que tenemos en nuestra América dos presidentes que fueron guerrilleros y un militar que se reveló a las políticas neoliberales. Pero, para que esto ocurra en Colombia, el Estado deberá garantizar a los hombres  y mujeres la posibilidad de tener beligerancia y seguridad en el escenario democrático.

 

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