28.ago.2009 / 12:00 pm / Haga un comentario

Colombia nació en Angostura aquel 15 de febrero de 1819, cuando su libertador, el caraqueño Bolívar dio el discurso inaugural donde nos habla de la necesidad de una Suramérica unida y soberana, capaz de enfrentar la intromisión de cualquier imperio. El 17 de diciembre del mismo año se sanciona la ley que crea la Gran Colombia. Es así como en Angostura nace el sueño de un continente para la paz, de un continente unido, de un continente soberano, de una gran nación y por ese sueño lucharon los suramericanos. Quienes cabalgaron, cruzaron Los Andes, entregaron sus vidas, sus esperanzas y sus energías enfrentándose al ejercito de un imperio varias veces superior, mejor armado, más organizado, con mayor experiencia, tecnología y control de los medios de comunicación, y que a su vez contaba con el apoyo servil de la oligarquía criolla. A pesar de todo esto, nuestros pueblos no dieron descanso a sus almas, ni reposo a sus brazos hasta que en Ayacucho, batalla comandada por el joven venezolano Antonio José de Sucre, se expulsó el último reducto del imperio español.

Todo este sacrificio no fue suficiente para que el sueño de Angostura se hiciera realidad, la traición de aquel entonces, de la oligarquía colombiana en complicidad con las del resto de los países suramericanos y bajo las directrices del naciente imperio norteamericano, consiguió el destierro del libertador de esa patria que él mismo liberó. Tras su muerte, y con el asesinato del único hombre que contaba con la moral, el liderazgo y la capacidad de sucederlo como lo era Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, estas oligarquías se encargaron de dividir a la nación suramericana en pequeñas repúblicas sin capacidad de influencia en el mundo, logrando de esta manera que la doctrina Monroe se impusiera sobre la tesis bolivariana de la unidad en el sur del continente.

Doscientos años después, cuando soplan vientos de cambio en Suramérica, cuando los pueblos vuelven a tomar el control de sus destinos, cuando gobiernos progresistas, antiimperialistas, soberanos, es decir bolivarianos, son electos por sus pueblos, vemos nuevamente a la oligarquía colombiana en alianza con las oligarquías del continente y arrodilladas al imperio norteamericano, traicionando las esperanzas y los sueños de nuestros pueblos.

La instalación de las siete bases militares en nuestra región es un nuevo intento de los Estados Unidos de Norteamérica por frenar la unidad de nuestro continente, con el objetivo claro de evitar la consolidación del proyecto bolivariano, que nació en Angostura. Ante esta nueva arremetida de la oligarquía y del imperio para detener la construcción de una gran nación, los hijos de Bolívar estamos llamados a ser como Sucre, a ser mariscales de la nueva Batalla de Ayacucho, la batalla que expulsará definitivamente de nuestras tierras al imperio extranjero. A ser leales a los pueblos, a ser leales al proyecto bolivariano.

Héctor Rodríguez Castro
hectorrodriguezcastro@hotmail.com

 

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