2.feb.2013 / 05:48 pm / 1 Comentario

La lucha de nuestros próceres por la libertad siempre estuvo ligada a la lucha por la unidad latinoamericana. Desde el Río Bravo hasta la Patagonia encontramos más aspectos que unen a nuestros pueblos, que los que nos dividen. Nos parecemos en nuestra historia, en nuestra geografía, en nuestras riquezas y carencias, en nuestra fe. Pero sobre todo, nos parecemos en nuestro futuro. Divididos estamos destinados a la pobreza y al fracaso. Nos enfrentaríamos, como enanos, ante problemas gigantes. Por el contario, mantenernos unidos robustece nuestras fortalezas, nuestros pueblos, nuestra cultura. Juntos, indudablemente, estamos destinados a la victoria.

El imperio, el de hoy y el de ayer, ha tenido clara la necesidad de mantenernos divididos, de fraccionarnos, de atomizarnos, de crear pugnas entre nosotros, de acentuar nuestras diferencias y borrar nuestras coincidencias. Se han valido de distintas vías, y cuando no lo han logrado por la vía ideológica lo han impuesto por la fuerza. Por la fuerza del control económico, al condicionar los préstamos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial o por la fuerza militar, acometiendo invasiones, infiltrando nuestras fuerzas armadas e instalando bases militares a lo largo de nuestra región.

El mayor ejemplo de fragmentación de nuestra América fue la triste noche neoliberal de los años noventa, cuando nuestros gobiernos cedieron toda la soberanía, se alejaron de sus pueblos hermanos, acataron toda la receta imperial y utilizaron las fuerzas armadas como muro de contención de un pueblo desesperado, que se rebelaba para sobrevivir.

Sin embargo, esa década neoliberal también fue un período de resistencia de los pueblos, marcado por la lucha y victorias tempranas. Cuando la visión neoliberal creía que se producía “el fin de la historia” Caracas se rebeló, primero su pueblo, luego sus soldados y finalmente, la conjunción cívico militar. Esa alianza tomó el poder y con el poder cambió el rumbo hacia un Estado social de derecho y justicia, y según esa convicción votó en solitario contra el ALCA.

Unos años después, ya no somos unos solitarios, nuestros caminos se encuentran de nuevo, nuestros pueblos eligen gobiernos que se parecen a ellos, nuestras patrias empiezan a fundirse en una sola patria, la Patria Grande, la patria de Bolívar. Así vemos cómo nace la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, un espacio de sueños, de caminos por recorrer a la vitoria definitiva de nuestros pueblos.

Héctor Rodríguez Castro

hector@psuv.org.ve

@hectorodriguez

 

Comentarios

2.feb.2013 06:42 pm
Astrid (Carabobo) dijo:

Los tiempos cambian, nada es estatico y así nuestra latinoamerica cambiara para bien .

 

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