26.dic.2012 / 09:52 pm / Haga un comentario

Cuentos del  Arañero

Recuerdo la primera vez que me lancé en paracaídas. No se les olvide gritar: “¡Jea!” Claro, como uno está asustado tiene que gritar duro para darse ánimo y dar ánimo a los demás. Ese era yo que me asustaba, sobre todo en el primer salto. Aquí va la guaya, porque es paracaidismo enganchado: salto a mil quinientos metros. El de setecientos metros es muy bajo, porque cuando uno tiene más experiencia lo tiran bajitico, donde uno no tiene casi tiempo.

Va el avión Hércules y les confieso que el susto mío era doble, porque yo soy veguero. Jamás en mi vida me había montado en un avión y tenía que tirarme por la puerta. Cuando aquel bicho arranca y empieza a dar la primera vuelta en la zona de salto en la Base Libertador, en Palo Negro. Elevándose, elevándose hasta que llega a la altura, cuando el maestro de salto dice: “¡Levántense!”. ¡Ay, Dios mío!, me acordé de mi abuelita que en paz descanse. A mí me correspondió en uno de los saltos el número uno, “Tiene que pararse en la puerta, compadre”. ¡Madre mía! ¡Santa María, Madre de Dios!

Cuando uno va en la puerta tiene que lanzar la guaya duro, si no se le puede enrollar en el brazo. A algunos se les queda enrollada y cuando saltan ha habido desgarramientos y cosas peores. Hay gente que quedó guindando del avión. El avión vuelta y vuelta y un hombre guindando en el aire. Sí, señor. A mí me pasó una vez con un soldado. Yo era Comandante del batallón. Terrible, una cosa terrible. Nosotros saltamos primero y caímos, recogimos. Después me paré encima de la ambulancia con un binóculo, a ver la segunda oleada, venían otros aviones atrás. Entonces veo que los soldados saltan, saltan, y uno… “¡Dios mío!, que no haya novedad”. Porque siempre es difícil que no haya un accidente. Normalmente hay un diez por ciento de lesionados. El salto al que me refiero era en El Pao, en invierno. Saltamos sobre unas sabanas llenas de árboles, lagunas, cercas, unos cerros. Recuerdo que un mayor, mi segundo comandante, cayó, en un árbol.

Les voy a decir quién sí hizo curso de paracaidista en la Fuerza Aérea: Castro Soteldo. Porque Castro Soteldo primero se cayó en un Mirage. El primer salto fue en Barcelona. Iba pasando, allá viene el Mirage…, se enterró de cabeza en un cementerio. Todo el mundo dijo: “Se mató Castro Soteldo”, el Pata’e guarapo. Lo consiguieron guindado en un samán, por allá. Él activó el eyector y quedó guindando en un samán. Se cayeron tres Mirage aquella vez: el “gocho” Durán Valdés, Castro Soteldo y el otro no recuerdo quién era. Yo me enteré en Corozopando. Estaba en Elorza, venía de San Fernando y compré Últimas Noticias. “Se cayeron tres aviones”. En ese momento el Movimiento Bolivariano en la Fuerza Aérea tenía tres oficiales superiores: Reyes Reyes, el “Gocho” Durán Valdés y Castro Soteldo, y los dos se cayeron. Yo dije: “Se cayó la Fuerza Aérea Bolivariana”. En ese tiempo éramos apenas un grupito. ¡Cómo hemos crecido!

 

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