Congreso JPSUV

2.may.2014 / 01:12 pm / Haga un comentario

Hanthony CoelloDesde esta columna hemos venido explicando los aspectos relativos a la temática en discusión en el marco del Primer Congreso de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela. Hoy nos proponemos abordar el segundo de esos cuatro procesos: la Organización.

Lo primero por definir ha de ser el tipo de organización que aspiramos construir en el marco de la sociedad que tenemos y la que deseamos y por la cual luchamos: El Socialismo, con las caracterizaciones propias de la realidad nacional, sin obviar las consideraciones geopolíticas en que nos desenvolvemos. Para decirlo con Mariátegui, nuestro Socialismo tiene que ser una construcción heroica, lo que equivale a edificación colectiva, sin complejos, sin dogmas sin sectarismos aberrantes.

En la juventud de un partido como el PSUV, depositario del legado de Chávez y de los forjadores de la nacionalidad, el modelo organizacional que se adopte tiene que garantizar protagonismo y participación colectiva, que cierre el paso a pretensiones caudillistas y mesiánicas, propias de liderazgos ungidos, que no representan las aspiraciones colectivas ni responden a la concepción ideológica que hemos abrazado.

Una mala lectura de Lenin ha llevado a algunos cuadros a creer que organización es sinónimo de rigidez y, muchas veces, ello conduce a la castración de iniciativas surgidas desde las bases que, obviamente, terminan rechazando esos sistemas que no son más que viejos resabios de modelos ya superados por la propia dinámica de la sociedad contemporánea.

Por supuesto que, por vía de contrarios, es necesario y hasta indispensable curarnos de toda tentación liberal, que abra las puertas al espontaneismo, la improvisación, el inmediatismo y la sacralización del tareismo, bajo la excusa, nada justificable, de la eficacia y la eficiencia. Es posible obtener eficacia revolucionaria y calidad política sin caer en las desviaciones ya señaladas. De eso habló bastante y con suma claridad Alfredo Maneiro, un ideólogo al que tendremos siempre que recurrir.

Una concepción moderna, fresca y dinámica del centralismo democrático pudiera ser la vía para garantizar más democracia, mayor participación y, sobre todo, la superación de modelos gregarios rupestres, que no pocas veces nos llevan a la adopción de sistemas organizacionales de carácter totalitario.

Un partido no es un club, es una comunión de voluntades para animar un programa y un deseo de transformación social que nos llevaría a la edificación de un modelo de vida en donde el hombre y la mujer se sientan cabalmente realizados. Todo ello, en la ideología bolivariana y chavista, se concreta en la frase: suprema felicidad.

Por todas esas consideraciones ya anotadas y por muchas más, es que debemos propiciar un debate franco, fraterno y solidario que nos lleve a la conformación de un sistema organizativo en perfecta sintonía con la ideología y el programa, los verdaderos pilares del accionar político socialista. A eso convocamos y debemos asumirlo con voluntad militante, es decir, con pasión chavista.

 

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