29.oct.2011 / 01:11 am / Haga un comentario

Por Luis Beatón

Las contradicciones de la cúpula de poder en Estados Unidos, republicanos y demócratas, es un caldo de cultivo ideal para la expansión por todo el país del movimiento Ocupar Wall Street (OWS), consideran políticos y economistas.

Luego de los fracasos del gobierno del presidente Barack Obama en las negociaciones de la deuda y para sacar adelante una ley del empleo, la situación es más propicia para las protestas.

Obama manifestó en una reciente entrevista con ABC News que de algún modo entiende “las frustraciones que se expresan en esas protestas (…) la gente se siente alejada de su gobierno. Creen que a las instituciones no les importan”.

A poco más del mes de comenzar las protestas iniciadas el 17 de septiembre, el movimiento OWS es ahora una antorcha que se abre paso en Estados Unidos y en el mundo para dar luz a las demandas sobre la inequidad financiera imperante.

El pujante desafío plantea interrogantes sobre su futuro en territorio estadounidense y son muchos los que se preguntan si sus reclamos serán escuchados por políticos y financistas, no solo en ese país, sino también en toda la geografía mundial.

Un reciente comentario del The New York Times planteó que hay que ver si las protestas logran afianzar en la agenda nacional el tema de la desigualdad en momentos en que el país se acerca al año electoral de 2012.

El Times asevera que para los estadounidenses fue “fascinante” la frustración de los egipcios al protestar en la plaza Tahrir, pero aún muchos no comprenden el resentimiento de sus compatriotas.

Según el rotativo hay coincidencia con los manifestantes de la Plaza Tharir. El sistema político-económico aprieta al 99 por ciento de las gentes.

En Estados Unidos lo que impulsa fundamentalmente a los demandantes es la desigualdad económica, mayor que en Túnez o Egipto, sostiene.

Al ilustrar este parámetro plantea que los 400 estadounidenses más ricos tienen un mayor valor neto combinado que otros 150 millones de compatriotas.

Cita estadísticas oficiales asegurando que el uno por ciento de la población ingresó a sus arcas el 65 por ciento de los beneficios alcanzados durante años de expansión de 2002 a 2007.

En sus valoraciones sostuvo, además, que la desigualdad “es un cáncer en nuestro bienestar nacional”.

El 17 de octubre el grupo pasó una prueba de fuego cuando extendió sus protestas a prácticamente los 50 estados del país, en una demostración que acompañó el mundo y sigue creciendo.

Las demostraciones ganaron el respaldo de muchos estadounidenses enfrentados ahora a carencias económicas y de empleos a causa de las políticas de los grupos financieros del país.

Algunos analistas como Todd Gitlin, investigador político y académico de la Universidad de Columbia, consideran que han obtenido el respaldo popular mucho más rápidamente que el movimiento antibélico, o el movimiento de los derechos civiles.

Esto es indicativo de que el mensaje está calando en la población y que la inequidad y la falta de empleo llegaron para quedarse como temas que medirán los electores en 2012.

Pese a que algunos sectores plantean la falta de liderazgo visible de esta tendencia, analistas consideran que otras protestas como la de los derechos civiles del siglo anterior tuvieron similar comienzo y sentaron pautas en Estados Unidos.

Un indicativo de su impacto a nivel internacional se escuchó cuando la Confederación Europea de Sindicatos (CES) demandó a la Unión Europea (UE) que asista primero a los estados nacionales y luego a los bancos, al tiempo que criticó los recortes y reducciones presupuestarias por su impacto social en medio de la crisis.

Por qué hay que salvar a los bancos con dinero público y no salvar a los Estados. Primero los Gobiernos y luego los bancos, aseguró el secretario internacional de Comisiones Obreras (CCOO), Javier Doz.

Si los Gobiernos deben hacer más por el sistema bancario, aumentará deuda y ello deberá ser pagado por la gente normal que no tiene nada que ver con la crisis, subrayó al respecto la secretaria general de la CES, Bernardett Ségol.

Estamos en contra de que se impongan políticas como las privatizaciones en Italia o en el caso de España la reforma de la Constitución a cambio de seguir comprando bonos, señaló Doz, algo que es demanda puntual de los que protestan en Europa, en Asia y en otras regiones del planeta.

Ya las protestas no son exclusivas de los 14 millones de desempleados estadounidenses contra los excesos del sistema financiero, la llama prendió en decenas de miles de ciudadanos en todo el mundo.

OWS se mantiene como una organización no violenta y sin líderes, y es muy activa en las redes sociales. Denuncia los excesos del mundo financiero y el poder corrosivo que ejercen los grandes bancos.

Sin embargo protestan unos por una razón, otros por otra, pero culpan de eso que les molesta a Wall Street, a los especuladores, a los grandes financieros y a los bancos que no han cambiado sus restricciones en su política de créditos.

Comentaristas políticos plantean que todas las grandes reformas políticas han empezado así; y esta puede ser una de ellas.

En el corazón de las demandas lo más grave es que la distancia entre los que tienen de sobra y los que están en situaciones precarias es cada vez mayor y más visible.

Por ejemplo, ese creciente desequilibrio aplasta a la clase media que era espina dorsal del sistema capitalista estadounidense.

En general las protestas que se dirigen contra Wall Street son un desahogo de un indefinible disgusto con la politiquería, con la situación económica, la pérdida de sus casas por la crisis hipotecaria y el desempleo.

De la misma forma que hay indignados, también hay preocupados por lo que puede pasar luego de que el sistema imperante se prestó para el abuso de unos cuantos pasándole una factura de sufrimiento a la gran mayoría.

Por lo pronto la antorcha puede convertirse en una hoguera que incendie el mundo en busca de lo que temen los más ricos, el cambio.

* Periodista de la redacción Norteamérica de Prensa Latina.

 

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