2.sep.2013 / 05:28 am / Haga un comentario

Por: Dilia Cecilia Ardila

Muertes, torturas, humillaciones, miedo, hambre, disputa de poder, violación de los derechos humanos, pérdida de valores, falta de conciencia y conformismo han sido las fundamentales características que han predominado en este sistema mundial, que más que capitalista y neoliberal, es como denominó Vladimir Lenin a la fase superior de capitalismo: imperialista.

La sociedad ha convertido al dinero en una mercancía indispensable para poder vivir, es por ello que hombres y mujeres diariamente son sometidos a una fuerte explotación (sobre todo aquellos que no tuvieron oportunidades de tener una educación digna) por parte de las grandes fábricas, empresas y transnacionales; a cambio de una pequeña suma de esa “preciado y valioso” objeto.

Es a esto a lo que nos ha llevado el capitalismo, a la destrucción y corrupción del ser humano; a competir, porque sólo sobrevive el más fuerte, es decir, quien tenga más poder y riquezas, pero aquellos que no, son llevados a divagar por el mundo en busca de un trozo de pan hasta su muerte.

Hoy día, el movimiento estudiantil de izquierda juega un papel fundamental en diversos lugares del mundo como primordiales arquitectos de la empresa emancipadora que enarbola las banderas del pensamiento crítico revolucionario.

Cuando hablamos de éstas luchas no se pueden obviar a todos los camaradas caídos en combate que tuvieron como propósito inmensurable, en el marco de las reivindicaciones estudiantiles, construir un sistema educativo integral de calidad progresista en toda Latinoamérica.

Remontándonos en el caso específico de Venezuela nos preguntamos si realmente la Universidad Central de Venezuela pertenece al pueblo venezolano, porque actualmente son muchos los jóvenes de la clase privilegiada (alta y media) que ingresan con gran facilidad a esta casa de estudios, y cada vez son menos los estudiantes de la clase popular que tienen la oportunidad de estudiar ahí.

Esta institución universitaria viola flagrantemente los artículos 102 y 103 de nuestra Constitución Bolivariana de Venezuela, pues la educación es un derecho, no un privilegio, es gratuita y obligatoria. Además, esta ley no pone más limitaciones para estudiar que las propias actitudes, aspiraciones y vocaciones de la persona.

Los mecanismos de ingreso en la UCV son meramente excluyentes, y sólo sirven para inflar las cuentas bancarias de Cecilia García Arocha, bajo el nombre “ingresos propios”.

La realidad es indignante cuando se observa que de la cantidad exorbitante de personas que presentan este tipo de torniquete intelectual en la UCV, sólo a duras penas ingresa menos de 10%.

Suena irrisorio pero es cierto, de “la casa que ve vence las sombras” sólo quedó el eslogan, porque éste recinto universitario se dejó vencer por las sombras más oscuras de Cecilia García Arocha, quien tiene actualmente secuestrado el derecho a la educación a los venezolanos que desean ingresar a la UCV.

Quisiéramos creer que la repartición ilícita de cupos cimentada bajo tráfico de influencia o no menos de 20 mil Bs, es un simple chisme de pasillo, pero lamentablemente la situación es otra.

Esta universidad pública, basándose en la pantomima que llaman “autonomía” ha hecho, deshecho y jugado vorazmente con los deseos de muchos de ingresar a esta casa de estudios, en las que la mayoría de las carreras que se imparten llevan años sin actualizar sus pénsums. Sabemos que esta institución educativa es financiada por el Estado Venezolano, pero ¿Puede éste tomar decisiones en ella?

Sólo las organizaciones estudiantiles unidas junto a todos los entes gubernamentales con propuestas y proyectos políticos, diferentes a los de la privatización, pueden transformar este tipo de instituciones elitescas. Es en esa lucha orgánica y estructurada en la que se podrá golpear a una dirección que no está de cara a las necesidades y realidades del pueblo.

De de continuar la burocracia, la exclusión y la corrupción dentro de ese recinto se perderá por completo su real concepción social y filosófica que tuvo alguna vez cuando Bolívar vivió, cuando muchos jóvenes dieron sus vidas por la lucha estudiantil.

Desde la llegada del proceso revolucionario de Hugo Chávez a Venezuela el sistema educativo nacional ha dado grandes cambios hacia una educación integradora y equitativa.

Las misiones sociales (Simoncito, Robinson, Ribas y Sucre) conforman un gran salto hacía una educación no excluyente y pluricultural. No se puede negar por ejemplo que gracias a la misión Robinsón Venezuela es un país libre de analfabetismo. Gracias a la Ribas muchas personas que no tuvieron la oportunidad de sacar su bachillerato ahora sí lo pueden hacer, y si lo desean, pueden continuar sus estudios universitarios con la misión Sucre –UBV que cuenta con más de 300 mil estudiantes a nivel nacional. El nuevo currículo bolivariano para las escuelas también es un gran avance, además de la reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE).

Sin embargo, aún no es suficiente, necesitamos una verdadera transformación en la que las universidades “autónomas” no tengan ningún tipo de mecanismo de ingreso excluyente, dónde la privatización de la educación se quede en el pasado, y sólo predomine un nuevo sistema educativo social, público y de calidad para todos.

No subestimemos a este sistema que quiere robar nuestra conciencia y convertirnos en seres pasivos. Debemos marcar la diferencia porque es tiempo de lucha, de reivindicar aquello que ha quedado en el olvido, de seguir el ejemplo que nos dejó nuestro Comandante Eterno, de unirnos mundialmente y luchar en contra de este modo de producción que nos convierte en esclavos modernos que continúan reproduciendo el modelo de contraponer el valor de cambio por encima del valor de uso.

@DiliaCeci

 

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