30.oct.2009 / 12:06 pm / Haga un comentario

Hoy el mundo se encuentra en la más profunda crisis ambiental de toda su historia, el sistema que impera tiene una lógica que antepone lo material por encima de lo social y que su único objetivo es el crecimiento de la ganancia monetaria, sin importar el costo humano o ambiental, lo que ha generado graves consecuencias en nuestro planeta, iniciándose un proceso de calentamiento que altera todos sus procesos naturales. Los desiertos aumentan todos los días y se pierde la posibilidad del aprovechamiento de las tierras para la siembra, los polos ya iniciaron el descongelamiento, vislumbrándose tanto el aumento del nivel del mar, poniendo en riesgo las ciudades costeras, como la modificación de la temperatura de las corrientes marinas. La capa de ozono se debilita y las aguas dulces y el aire se contaminan afectando la salud humana y animal. Cambios climáticos que afectan los ciclos de la naturaleza comprometiendo las cosechas y la planificación de la vida social en general.

A pesar de esta profunda crisis ambiental nuestra sociedad insiste en el uso irracional del agua y de la energía. Es desesperante ver cómo a diario se despilfarran inmensas cantidades de litros de agua por tuberías rotas, por pocetas que están dañadas, por chorros abiertos mientras enjabonamos los platos, nos lavamos los dientes o nos damos una ducha, o cuando se lavan los carros sin ninguna discriminación. Esta situación se agudiza con la sequía que estamos atravesando, que tiene a nuestros embalses por debajo del límite mínimo para garantizar el suministro de agua a las comunidades, y a este problema se suma el hecho de que el 70 % de nuestra energía la producen las hidroeléctricas.

Así, nos encontramos con que el uso de la energía eléctrica se ha disparado debido, entre otras razones, al aumento del uso de equipos de aire acondicionado en oficinas, viviendas y vehículos, también como una respuesta, que termina siendo contraproducente, a los problemas climáticos ya que las altas temperaturas también se imponen. De esta manera, observamos que Venezuela se está convirtiendo en uno de los países de mayor consumo de energía per cápita del mundo. Podemos afirmar que consumimos el doble de energía que consume la hermana República de Argentina, que debe garantizar la calefacción a sus ciudadanos en tiempos de invierno y que además cuenta con un aparato industrial mayor al nuestro.

También encontramos una distorsionada ejecución urbana, que no está pensada para nuestra realidad climática y cultural, que copia modelos extranjeros sin adaptarlos a nuestra realidad. Encontramos centros comerciales cerrados que no aprovechan la iluminación natural, ni la calidez del clima, y que para su funcionamiento, para mantener iluminado y fresco su interior deben gastar una cantidad de energía mayor a la utilizada por toda la isla de Dominica. Centros comerciales como el Cubo Negro de Chuao gasta más energía que la ciudad de Coro completa, al pretender copiar una arquitectura europea, que construye con paredes de vidrio para aprovechar la poca iluminación, pero que según nuestras características climáticas, esas paredes en las ciudades venezolanas se convierten en lupas que amplifican el calor solar.

Para el desarrollo de centros de comercio debería implementarse un diseño que se adapte a nuestra geografía, lo que además permitiría disminuir el gasto de energía. Por otro lado, los ciudadanos tenemos el deber de hacer un esfuerzo por apagar la luz, los aparatos de aire acondicionado, los televisores, la computadora entre otros, cuando no los necesitemos. Igualmente disponernos a reparar las tuberías dañadas y cerrar los grifos. La energía y el agua no son gratuitas, ya que el Estado se ocupa de ese gasto, completamente o en forma parcial, y esos son recursos que se dejan de invertir en educación o en salud.

Ayudemos a tener una mejor calidad de vida, demos un uso conciente a la energía y al agua.

Hector Rodríguez Castro

http://hectorrodriguezcastro.blogspot.com/

 

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