8.feb.2013 / 03:04 pm / Haga un comentario

Hubo un tiempo en que la ampliación del círculo del consumo en el planeta podía ir de la mano del caracter expansivo del capital. Eran los tiempos cuando el feudalismo languidecía a instancia de la mecanización de la producción, distribución e intercambio de las mercancias y entonces era pertinente un sistema capaz de transformar la naturaleza para satisfacer las crecientes demandas de la población.

Comenzaba un despliegue de las fuerzas productivas sobre la base, fundamentalmente, de la dominación del trabajo por parte del capital. Eran hasta 18 horas la jornada laboral. Producir era la consigna, acumular era el objetivo. Con las guerras se acentuaron la contradicciones del sistema, aunque su imperativo histórico -la ganancia- ha permanecido intacto.

Solo Marx advirtió sobre su volatilidad e incontrolabilidad. Se trata de un sistema que no resuelve nisiquiera el funcionamiento propio de su modo  reproductivo cuando promueve la libre circulación de mercancias, que es lo mismo decir la libre circulación del despilfarro. Hoy, considera István Mészáros, “el consumo y la destrucción son equivalentes funcionales”.

De manera que estamos en medio de una centrífuga destructora que algunos adornan de “Globalización”, capaz de acabar con el planeta en procura de su autorealización. Para ello cuenta no solo con un complejo militar industrial, sino con la inyección del “espíritu del consumo”, que superpone valores “superiores” a la relación armonica del hombre con la naturaleza.

Un drama que requiere cambios radicales si de vivir se trata en este planeta. El sistema es irremisiblemente voraz, contaminante, depredador, lo cual demanda soluciones globales entre los grupos regionales de poder ya constitudos, como América Latina, donde Venezuela es un gran corredor ecológico tan rico y abundante como el petroleo de la faja.

Aquí es urgente una política para el tratamiento de los desechos sólidos en las comunidades organizadas, proteger nuestras cuencas hidrográficas y luchar contra la deforestación y el uso agro-toxicos. Se trata de “actuar localmente y pensar globalmente”. Teoría y práxis diría el viejo Marx.

La salvación del planeta estriba en el cómo enfrentemos los desarrollismos absurdos importados desde el norte, principal culpable de la devastación ambiental. Si nos hemos servido toda la vida de la naturaleza, ha llegado el tiempo en el que ella se sirva de nuestra conciencia. Del barro somos.

Jesús Manzanárez

Jgmanzanarez@gmail.com

 

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