17.sep.2013 / 10:06 am / Haga un comentario

Para Enrique Dussel, la política es una actividad que organiza y promueve la producción, reproducción y aumento de la vida de los miembros de las comunidades. Una definición algo más que ingeniosa para aquellos que creen que la política se reduce a los ofrecimientos demagógicos propios de las épocas electorales, donde el voto, y no la voluntad de Poder del ciudadano en comunidad, es el principal interés.

En el pasado la política fue víctima de un progresivo deterioro de sus principios intrínsecos: El ejercicio delegado del Poder y mandar obedeciendo al Pueblo. La burguesía se encargó de debilitar el Poder Político originario creando conflictos entre barriadas con problemas comunes, impidiendo los consensos entre sectores sociales como los trabajadores y destruyendo moralmente a sus referentes inmediatos.

Una operación bien pensada por adecos y copeyanos para arrinconar políticamente a la izquierda, siempre dividida entre quienes pensaban “tomar el cielo por asalto” y quienes advertían una solución pacífica, electoral, para la toma del Poder. He allí el verdadero pacto de Punto Fijo: el ejercicio despótico del Poder en sacrificio de la democracia política.

Se concibió el Poder entonces como dominio sobre el Pueblo más débil. De allí nació el clientelismo estatal, el “pónganme donde haiga”, el “disparen primero y averigüen después” y el enriquecimiento ilícito. El capital se erigía como valor supremo de la comunidad y en ese sentido el éxito político de alguien se comenzó a medir por la acumulación de riquezas y propiedades que tenía. De allá venimos.

En 20 años esa ecuación del Poder se ha venido invirtiendo, aunque no del todo. Con Chávez comenzamos a reconocer que el Poder siempre es potencial cuando se concibe no solo desde la institucionalidad estatal, sino desde su origen: la comunidad. Surgió la unidad cívico-militar, los comité de base, los círculos bolivarianos, los Consejos Comunales y ahora las Comunas.

Hoy, ese acumulado de experiencias organizativas necesita “convicciones razonadas”. Necesita de un nuevo momento histórico anclado en la producción de bienes y servicios para garantizar el fin último de la voluntad de Poder: La voluntad de vivir. El Poder siempre lo tendrá el Pueblo aunque sea debilitado, acosado e intimidado por quienes desean “coyunturas difíciles para mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo”.

 

Jesús Manzanárez

jgmanzanarez@gmail.com

@Manzanarezjesus

 

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