15.nov.2012 / 10:47 am / Haga un comentario

Por: Héctor Rodríguez Castro

hector@psuv.org.ve @hectorodriguez

Conseguir la eficiencia en la politica amerita tener claridad sobre qué queremos hacer, cómo lo que queremos hacer, cuándo lo vamos hacer, quién lo hará y con cuáles recursos se cuentan. Para tal fin, corresponde planificar la política pública. Luego, debemos tener una estructura, un equipo, una organización que esté diseñada y formada para cumplir con los objetivos que nos hemos planteado en el tiempo, con los recursos que se han definido. Y finalmente, debemos controlar y hacer seguimiento del funcionamiento, según lo planificado. Venezuela se ha planteado construir una sociedad con la mayor suma de felicidad posible, con la mayor suma de seguridad social y con la mayor suma de estabilidad política, construir una sociedad socialista. Para ser eficientes en esta tarea, debemos tener muy claro el plan de trabajo, pero también que es preciso transformar el Estado burgués que hemos heredado. El Estado que hoy tenemos fue construido para otros objetivos, distintos a los nuestros. Fue construido para resguardar los intereses de la clase dominante y mantener a la mayoría de la sociedad sometida a la pobreza y en la ignorancia. Pretender hacer el socialismo con el Estado que tenemos sería similar a pretender ganar una carrera de Formula 1 con un tractor o trabajar el campo con un carro de carreras. Es decir, la estructura con la que pretendemos alcanzar nuestros objetivos debe estar pensada para dicha tarea. Transformar el Estado tiene distintas dimensiones, entre ellas, la legal, la cultural, la orgánica y la técnica. En algunas de ellas hemos iniciado el proceso de transformacion, el principal avance en esta dirección fue el proceso constituyente que permitió un nuevo pacto social que se expresa en la Constitución Bolivariana, donde entendemos al Estado como democrático y social de derecho y de justicia. Esta dimensión legal ha estado acompañada de varias leyes que desarrollan los preceptos constitucionales. Sin embargo, es necesario afinar esta dimensión, ya que siguen existiendo leyes, previas a la Constitución, que contradicen la nueva visión de Estado y sociedad que nos hemos programado. En la dimensión cultural también hemos avanzado. El proceso de masificación educativa, en todos los niveles, desde la alfabetización hasta al acceso a estudios universitarios, nos ha permitido tener una ciudadanía más preparada, y sumada al permanente debate político del cual somos parte. El nivel de comprensión de los modelos sociales y economicos nos permite ser ciudadanos más críticos y participativos, por tanto esta dimensión debe seguir afinándose, especialmente en quienes somos servidores públicos. Es necesario constituir una nueva mística, una nueva ética, una nueva estética del servicio público. Es fundamental que los servidores tengamos sentido de pertenencia y orgullo de la patria que estamos construyendo. La dimensión orgánica es tal vez una de las dimensiones donde más retraso tenemos. Las formas, los esquemas, los métodos, el metabolismo que tiene nuestro Estado sigue siendo pesado, burocrático, lento, contradictorio y esto atenta contra la posibilidad de ser eficientes. Es necesario plantear esta dimensión con franqueza no para hacer caída y mesa limpia con la burocracia que tenemos, sino para que con ella reorganizarnos en función de los nuevos objetivos de la sociedad. En cuanto a la dimensión técnica, partimos de que todo Estado amerita una burocracia, y ésta debe servir para hacer funcionar de la manera más eficiente la maquinaria del Estado. En la medida en que los integrantes de esta burocracia estén más preparados, desde el punto de vista del conocimiento, para cumplir sus tareas, estos serán más eficientes. En tal sentido, el Estado debe garantizar a sus servidores públicos una política permanente de formación y estímulos. La constante formación debe ser una exigencia para entrar y permanecer en la administración pública.

 

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