Internacionales

16.sep.2009 / 11:02 am / 1 Comentario

Comunicado del Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP en el que se dirige a UNASUR y al ALBA en relación a la instalación de varias bases militares gringas en Colombia.

Como bien es sabido, la no renovación por parte del gobierno encabezado por Rafael Correa del permiso para que las fuerzas militares gringas siguieran utilizando la base de Manta en Ecuador ha obligado al imperio a buscar nuevas bases. Desde dichos destacamentos el imperialismo intentaría mantener su influencia sobre la región, dando soporte a las labores de inteligencia, asesoramiento e instrucción de ejércitos cipayos, constituyendo también la avanzadilla para una posible futura intervención con el objetivo de controlar los enormes recursos naturales que atesora la Amazonía (agua, petroleo, gas, diversidad biológica…). El imperio ha recurrido a la oligarquía colombiana, su servil aliado en la región, para mantener y reforzar su presencia militar en la región, mediante la instalación de siete bases militares.

En el presente comunicado las FARC-EP inciden en el peligro que supone para la región ese incremento (porque lo que es existir, hace muchos años que existe, principalmente en forma de asesores e instructores) de la presencia militar gringa, y pone de manifiesto la necesidad de una acción conjunta de todas las fuerzas antiimperialistas latinoamericanas. En el texto se señala también el trasfondo intervencionista de dicha maniobra, presentada oficialmente como parte del combate contra la insurgencia colombiana y especialmente contra el narcotráfico. Narcoterrorismo es una acepción usada frecuentemente por quienes siembran el terror en numerosos pueblos, gobiernan el país con mayor consumo de estupefacientes del mundo y tienen bajo su responsabilidad la DEA (Drug Enforcement Administration; algunos de cuyos miembros están involucrados en el trafico de droga). Coincidiendo con un nuevo aniversario del 11S, se denuncia el refuerzo del expansionismo del imperio en su afan por controlar el mundo y acabar con las luchas populares, así como la utilización de nuevos conceptos para criminalizar dichas luchas. Tal y como se recoge en el comunicado “(…) llegó el trágico 11 de septiembre, y de repente las guerrillas colombianas sufrieron una kafkiana metamorfosis. De la noche a la mañana dejamos de ser “comunistas” y “castristas”, y nos transformaron en “terroristas”".
Las FARC-EP hacen patente también su determinación de luchar para expulsar al invasor en caso de que la instalación de las bases militares gringas se materialice, con la certeza de que lo que está en juego es el futuro de América.

Carta abierta de las FARC-EP a UNASUR, y los países del ALBA

Como organización política-militar amparada por el derecho universal que legitima la rebelión armada contra regímenes oprobiosos y tiránicos, nos dirigimos a la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, y a la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, ALBA, con la esperanza de participarles nuestro punto de vista en torno a la tensión generada por la instalación de bases militares estadounidenses en territorio colombiano.

Colombia padece el más cruento y prologado conflicto interno de la historia de Nuestra América, pero por razones de una enrevesada estrategia, el Presidente Uribe niega su existencia. El gobierno de Colombia es el primer receptor de ayuda militar norteamericana en el hemisferio. Tiene el ejército más numeroso de América Latina (500 mil hombres). El 6.5% del PIB es para la guerra. Oficiales del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos conducen en el terreno las operaciones del Plan Patriota contra la insurgencia y la población civil. Más de 10 mil millones de dólares han invertido la Casa Blanca en la ejecución del Plan Colombia… En estas circunstancias resulta absolutamente sofismático y contradictorio aferrarse a la absurda subjetividad de la inexistencia del conflicto. El origen de las rencillas de Uribe contra los países vecinos es que sus presidentes se han negado a involucrarse en el conflicto interno de Colombia. Por eso introduce elementos que amenazan la estabilidad de la región como la peregrina tesis de la extraterritorialidad de la política de seguridad democrática, que es la nueva denominación que Washington ha conferido a su vieja como nefasta Doctrina de Seguridad Nacional.

Los siete puñales clavados en el corazón a los que alude el comandante Fidel Castro, pueden ser más, si se tiene en cuenta que la base aérea de Tres Esquinas (sur de Colombia) es, desde hace algún tiempo, otra base militar yanqui encubierta, sospechosamente ubicada donde comienza la Amazonía. La tecnología militar de punta del “monstruo del norte” no solamente alinea sus miras contra la inconformidad popular y la insurgencia bolivariana; apuntan también, con deseo irrefrenable de expolio, a la faja petrolera del Orinoco, a la biodiversidad de la Amazonía y al acuífero guaraní. Pero en general, sus miras están enfocadas al predominio hemisférico de lo que considera despectivamente su patio trasero.

Sin duda Uribe ya está sentenciado y condenado por los pueblos y por la historia por alta traición a la patria latinoamericana. En la historia futura quedará inscrito su nombre como un triste peón colonial. La instalación masiva de bases militares móviles de los Estados Unidos en el norte de Suramérica constituye la más seria amenaza para la paz y la unidad del continente, pero es al mismo tiempo el reconocimiento de la derrota del Plan Colombia, premonición del epílogo futuro de su nuevo empeño guerrerista contra Nuestra América.

El prefijo “narco” endilgado a la guerrilla y ahora a algunos Estados, es un pretexto para la agresión, como lo fue en el pasado el comunismo. Han revivido a McCarthy para demonizar las opciones de sociedad, siempre presentes en el anhelo colectivo de los pueblos, y con el mismo propósito utilizan el adjetivo “terrorista”. Las FARC no somos terroristas sino revolucionarios. En Colombia, el llamado “terrorismo” tiene una historia reciente y curiosa. Durante casi 40 años, las FARC y el ELN fueron considerados como guerrillas “comunistas” y “castristas” respectivamente. Es evidente que estos calificativos constituían un reconocimiento expreso del carácter político de nuestros movimientos que sostuvimos conversaciones y diálogos con diversos gobiernos.

Pero llegó el trágico 11 de septiembre, y de repente las guerrillas colombianas sufrieron una kafkiana metamorfosis. De la noche a la mañana dejamos de ser “comunistas” y “castristas”, y nos transformaron en “terroristas”.

Todos sabemos que el llamado “terrorismo” es un arma política de la ultra derecha, una categoría por fuera del derecho penal y un elemento esencial de la ideología del imperialismo. El llamado “terrorismo” es una noción política e ideológica introducida por el gobierno de Bush, que sirve para designar y para satanizar a los que no se someten a la política imperial, a la de sus caínes, o de sus testaferros. Es por ello que sólo son calificados de “terroristas” los que luchan contra el poder; pero jamás lo serán, los que están en el poder.

Con esa lógica, todo movimiento o país que se oponga a la dominación del imperio es, o será calificado más adelante de “terrorista”.

Las FARC apoyan resueltamente las bases de paz que el gobierno de Venezuela ha conformando en su territorio para oponerlas a las bases de agresión yanqui en Colombia. Nos gustaría verlas florecer en todos los puntos cardinales del hemisferio como símbolo de resistencia y dignidad de los pueblos. Que inútil es la guerra de Obama y la de su lacayo Uribe contra Nuestra América, la de Bolívar y nuestros héroes nacionales, que a 200 años del grito de independencia regresan con un ejército de pueblos a materializar sus sueños. Necesitamos la paz de Colombia porque ella es la paz de la región. Que nadie acepte los pretextos inventados por los guerreristas. La supuesta intromisión de Venezuela y Ecuador en los asuntos internos de Colombia, que tanto propalan sus campañas mediáticas, son una densa cortina de humo para tapar la verdadera y abrumadora intromisión de los Estados Unidos, Inglaterra, Israel y España en el conflicto colombiano.

Nuestro objetivo estratégico fundamental es la paz. Lo asumimos con las mismas palabras del Libertador Simón Bolívar: “la insurrección se anuncia con el espíritu de paz. Se resiste al despotismo porque éste destruye la paz, y no toma las armas sino para obligar a sus enemigos a la paz”.

Pedimos a UNASUR y a los países del ALBA incluir en su agenda de trabajo la solución política del conflicto colombiano como preocupación permanente de los estados latinoamericanos. Con un Uribe imbuido en el frenesí de la guerra y envalentonado con las bases norteamericanas, no habrá paz en Colombia ni estabilidad en la región. Si no se frena el guerrerismo -ahora repotenciado-, se incrementará en proporción dantesca el drama humanitario de Colombia. Es hora que Nuestra América y el mundo vuelvan sus ojos sobre este país violentado desde el poder. No se puede condenar eternamente a Colombia a ser el país de los “falsos positivos”, del asesinato de millares de civiles no combatientes por la Fuerza Pública, de las fosas comunes, del despojo de tierras, del desplazamiento forzoso de millones de campesinos, de las detenciones masivas de ciudadanos, de la tiranía y de la impunidad de los victimarios amparados en el Estado.

Las FARC son de hecho, fuerza beligerante. Solicitamos a UNASUR y al ALBA otorgar a las FARC dicho estatus como decisión encaminada a facilitar la paz de Colombia. Sería el comienzo de la marcha hacia la paz. El acuerdo de canje de prisioneros de guerra en poder de las partes contendientes es una buena manera de echar a andar el proceso. En el pasado liberamos, sin obtener ninguna reciprocidad del Estado, a más de 300 prisioneros capturados en combate. Desde hace 4 meses ofrecimos liberar unilateralmente a dos militares prisioneros de guerra, pero el gobierno se ha negado a ofrecer las garantías para que esto sea posible. Estamos dispuestos a retomar la Agenda de Paz del Caguán, a discutir con los voceros del Estado el cambio de las injustas estructuras políticas, económicas y sociales y el fin de los privilegios. Estamos listos para asumir la discusión en torno a la organización del Estado y de la economía, y sobre los lineamientos que han de guiar al nuevo ejército que habrá de surgir de los futuros acuerdo de paz…

Queremos reiterar antiguas propuestas de las FARC para cortarle las alas al narcotráfico en el mundo y a los pretextos de los imperios agresores:

1. Considerar en una gran asamblea de naciones la legalización del consumo de las drogas, como en el pasado se hizo con el tabaco y el alcohol. Nada se puede hacer si el gobierno de los Estados Unidos no combate a las poderosas mafias norteamericanas de la distribución y si no toma medidas encaminadas a contener el torrentoso flujo de precursores químicos salidos de sus industrias. Simultáneamente con esta determinación se debe desplegar una totalizadora campaña de educación a la juventud contra el daño espiritual y social que causa el consumo de la droga.

2- Sobre el presupuesto de que la narco-producción en los países pobres es un problema social, no erradicable mediante la represión, retomamos la propuesta del comandante Manuel Marulanda Vélez a la Audiencia pública Internacional sobre cultivos ilícitos y medio ambiente, realizada en San Vicente del Caguán: adelantar un plan de sustitución de los mencionados cultivos, por otros de consumo alimentario, que siendo similarmente rentables, resulten atrayentes para los campesinos pobres. Pero es necesario acompañar el esfuerzo con un plan de desarrollo financiado por el Estado y la comunidad internacional, que lleve educación, salud, carreteras, servicios públicos, posibilidades de mercadeo de los nuevos productos, a los pobladores de esas regiones remotas y olvidadas. Ni Colombia ni Estados Unidos tienen interés en ello, porque lo único que les importa es mantener vivo el pretexto para la intervención.

Si la preocupación de Washington por el narcotráfico fuera sincera, ya habría caído el gobierno de Uribe, vinculado de antaño a investigaciones por narcotráfico en los Estados Unidos y con el 30 porciento de congresistas de su partido en la cárcel por nexos con el narco paramilitarismo. El Departamento de Estado sabe que Jorge Noguera, siendo director del DAS (seguridad del Estado), personalmente realizó contactos y abrió las rutas del narcotráfico desde Colombia a Centroamérica, pasando por México y de allí a los Estados Unidos, y que el mismo DAS se encargó del ingreso de los dólares desde ese país al aeropuerto El Dorado de Bogotá, lo que generó el cerrado aplauso de los mafiosos y de los capos narco-paramilitares. También activó una ruta desde Santa Marta a países africanos, y desde allí a Europa. En el mundo de la mafia el DAS es conocido como “el cartel de las tres letras”. Estados Unidos maneja el tema del narcotráfico para chantajear a gobernantes dóciles como Uribe y utilizarlos como peones de sus proyecciones geopolíticas.

El dictador Uribe está actuando como el Caín de América. Aduce estar pidiendo una colaboración, pero una cosa es la colaboración y otra el vasallaje, una cosa es ser aliado, y otra cosa es ser lacayo. La última cumbre de UNASUR patentizó la enorme soledad y el rechazo que su gobierno despierta en las demás naciones hermanas, debido a su condición de aliado incondicional de los Estados Unidos y su desleal papel en contra de los intereses que guían las esperanzas de integración y unidad latinoamericana. Ojalá podamos con el concurso de todos impedir este nuevo ultraje a la dignidad y el decoro de nuestros pueblos, pero si a pesar de todo, nos lo imponen por la fuerza y se consuma la infamia, lucharemos con dignidad y con denuedo, hasta nuestra última gota de sangre para expulsar al invasor extranjero de nuestro suelo patrio. La patria es América, y en esa lucha, nos encontraremos todos, en la certeza de que lo que está en juego es el futuro y la emancipación de nuestro continente, como un conjunto de naciones soberanas e independientes o como neocolonias.

Expresamos a UNASUR y a los países del ALBA nuestra disposición a concurrir con una delegación de las FARC, si lo estiman pertinente, a explicar, en un encuentro a definir, nuestros puntos de vista sobre el conflicto y nuestras iniciativas para su superación.

Finalmente, les reiteramos la política internacional y de fronteras de las FARC, la cual no considera a los ejércitos de los países vecinos como sus enemigos. El escenario de nuestra confrontación política y militar es Colombia. Todas las fuerzas y los destacamentos militares de los países latinoamericanos pueden tener la certeza que las FARC nunca serán una fuerza de agresión contra ellos. A los gobiernos, a los ejércitos de los países vecinos, a sus pueblos, les reiteramos nuestra invariable hermandad.

Reciban nuestro saludo cordial.

Compatriotas,

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Montañas de Colombia, septiembre 2 de 2009

Fuente: askapena.org

 

Comentarios

16.sep.2009 06:47 pm
MARIA SILVIA dijo:

Dios quiera,puedan o se permitan tener la grandeza y/o valentia para invitarlos aparticipar en UNASUR. MARÍA SILVIA FIASCHE

 

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