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31.mar.2010 / 02:39 am / Haga un comentario

Juventud Rebelde.- Si hay cubanos millonarios en Venezuela, esos son los jóvenes delegados al Noveno Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), que han sido protagonistas de jornadas enriquecedoras para el espíritu y el compromiso, en encuentros desarrollados a lo largo de los últimos días con los colaboradores de cada una de las Misiones Sociales, y que el pasado domingo rindieron el homenaje imprescindible a Bolívar y a Martí, en sus plazas de esta capital.

Es la juventud de estos tiempos, orgullosa de vivir por una Revolución que los ha forjado y ser testigos y partícipes de su continuidad bolivariana.

Sus historias, y sobre todo las que representan por los casi 16 000 jóvenes que cumplen deber solidario e internacionalista en Venezuela, no caben en estas páginas y están llenas de hermosura, desprendimiento, esfuerzo, abnegación y amor.

I

Lisenni Borges Lobaina no solo siente el orgullo de ser delegada, sino el de haber sido elegida por sus compatriotas en la patria chica: La Máquina, en ese extremo oriental del caimán, en el municipio de Maisí.

Desde su pueblito, la instructora de arte en la especialidad de Música de la escuela primaria Ariel Adames Suárez y brigadista José Martí llegó el 3 de febrero de este año a la comunidad Santa Ana, en la parroquia Antímano, en los cerros de Caracas, y anda ya hablando como suyo del taller de creación con los abuelos del barrio, y de los niños de las escuelas Miguel Otero Silva y Andrés Bello, a quienes quiere hacer cantar como los ángeles.

De los del preescolar dice que «son muy vivos, decididos a la hora de actuar, y no tienen miedo escénico», poniendo por delante lo que ya disfruta de ellos, y del trío de activistas venezolanos con los que trabaja muy unido.

«Me gusta enseñar, y creo que mis compañeros consideraron bueno mi trabajo en La Máquina y al frente de mi comité de base, por eso me propusieron».

Hoy podría añadir la labor que desempeña en la Misión Cultura Corazón Adentro, pero esa la reconoce ya esta «comunidad chavista, donde los señores Saúl y Olga nos prestaron la casa, en el cerro, para vivir y desarrollar mi actividad».

Lisenni vive en La Gruta y a diario agarra un yipi para ir a Santa Ana, varias cuadras cerro abajo, o hace el trayecto a pie, donde los vecinos ya van conociéndola y saludan el paso de la guantanamera de 24 años que se ha hecho un propósito: «Antímano fue la mejor parroquia de nuestra Misión el año pasado, y en este vamos a continuar la obra. Esa es la experiencia que llevaré al Congreso».

II

Yulexis Chaviano Diego tiene otras vivencias que abarcan más de cinco años en Venezuela, adonde arribó en noviembre de 2004 para laborar primero en un consultorio médico de Barrio Adentro I en Macarao, Caracas. Pero desde el 2006 formó parte de 30 jóvenes seleccionados para atender a la juventud en misión, y no por ello ha dejado de hacer su trabajo como médico en el Área de Salud Integral Comunitaria Alayón, en el municipio Girardot, de Maracay, la capital del estado de Aragua.

«Desde el primer momento me impresionó la necesidad de atención médica que tenía la población más humilde, la importancia que le daban al médico, que viviera con las familias, que hiciera trabajo con ellos».

Yulexis, villaclareña de Encrucijada, llegó a Venezuela siendo delegada al 8vo. Congreso y, por supuesto, disfruta ahora y considera uno de sus mejores momentos el haber sido elegida nuevamente, pero ni eso se compara a ese momento «en que salvas una vida, un niño que te dice “gracias, doctora” y te regala una cartica con esta sola frase: “Doctora, te amo”. Eso me hace feliz, porque te sientes y sabes útil.

«A Cuba llevo ahora todas mis experiencias en la misión, el sentir de los jóvenes, todas las cosas buenas que estamos haciendo; el trabajo, el sacrificio, la historia, el contribuir a la construcción bolivariana».

III

Fausto Despaigne Massó es santiaguero, exactamente de Martí y Moncada, del que dice: «Mi barrio es lo mejor, tradición, pueblo, folclore, la conga. Allí toqué bastante los tambores; es mi infancia, mi escuela primaria, todo lo que llevo dentro, mi tierra, donde te sientas en la acera y todo el mundo te habla y te llama».

Si se quiere, pudiera decirse que este joven médico de 34 años recién cumplidos -14 de marzo- no cambió mucho la geografía porque «aquí estoy en Caracas, en el 23 de Enero, en el Área de Salud Sierra Maestra, porque aquí estuvo Fidel en su primera visita a Venezuela, y así lo nombró la gente de este cerro, en lucha, revolución, constante movimiento; efervescencia apasionada, protectora, que quiere a los cubanos y también nos exige muchísimo, donde hay calor humano de sobra y humildad.

«¿Qué haré en el Congreso? Ratificar a la dirección histórica el compromiso de hacer irreversible nuestro proceso; dejar patentizado con hechos el concepto de que esta tarea que nos dio la Revolución, es una asignatura que estamos tratando de aprobar todos los días, y con las mejores notas, los más de 40 000 colaboradores. Hacer lo que nos toca hacer».

IV

De los nueve delegados, cuatro son de Barrio Adentro, y en ese grupo se destaca por su sobriedad, el habanero de Caimito, Piter Martínez Benítez, quien no ve el día en que podrá abrazar a su pequeña Anelys, para quien lleva un gran oso de peluche.

Para este médico intensivista que presta servicios en Lechería, en el estado Anzoátegui, el honor de participar en el 9no. Congreso deriva de la trascendencia de ese acontecimiento en el presente y futuro de la Revolución.

«Mientras el imperialismo se afila los dientes pensando que la juventud puede perderse, nosotros ratificamos que no habrá un antes y un después. Somos una sola generación, la de los revolucionarios, no importa la edad, y con los mismos ideales».

Él lo ha estado poniendo en práctica desde que llegara hace cuatro años a Venezuela y palpara la exclusión en el apartado Mapire, una zona a orillas del Orinoco donde conoció las más pobres comunidades indígenas y de criollos durante año y medio, en operativos por el río, a veces tras cuatro horas de navegación. Siente como su alegría más grande haberle sido útil, seguir siéndole útil a este pueblo y a la Revolución.

Hay un agradecimiento que no deja de pregonar: haber tenido la oportunidad de compartir y ver desarrollarse la Revolución Bolivariana, gracias a esta, su segunda misión, porque como brigadista Henry Reeve estuvo dos meses en Guatemala restañando el sufrimiento dejado por la tormenta Stan, cuando la administración Bush no les abrió las puertas y desdeñó el abrazo de solidaridad del pueblo cubano después que el huracán Katrina devastó Nueva Orleans.

V

El joven ingeniero Yosvany Hernández Tejeda, creyó que había perdido la oportunidad de hacer valer el honor otorgado por su colectivo de representar a la Isla de la Juventud en el 9no. Congreso; pero en realidad no cambiaría por nada del mundo la nueva distinción otorgada a su persona: colaborar en el hermano país venezolano, labor que desempeña desde hace poco más de 20 días en Monay, estado Trujillo.

Hasta allá llegó el recado: incorporarse a la preparación del grupo que representará no solo a los poco más de 7 000 militantes en las misiones, sino a todos y cada uno de los colaboradores cubanos en la República Bolivariana de Venezuela.

«Hemos venido con el propósito de ayudar modestamente al pueblo venezolano, a trabajar mano a mano y abrir juntos el futuro, no solo de ellos, sino de América Latina y del mundo entero.

Allá vamos a plasmar nuestra decisión de lucha, a combatir los problemas que tenemos con el mismo ímpetu con que acometemos la actual tarea».

VI

Esa condición de escuela que ya avizora el ingeniero en su corta estancia venezolana, la refrenda el estomatólogo Dixan Gutiérrez Torres en sus casi seis años en la Patria de Bolívar. Ahora en Barinas, antes estuvo en Valencia, la capital de Carabobo.

Y no es solo lo que la vida y la experiencia le han estado enseñando. Venezuela ha sido para él una universidad en todos los sentidos, que ha ayudado a formarlo como persona, en lo profesional, y como revolucionario.

«Conocer el capitalismo, las diferencias de clases, saber del prestigio de que gozan los profesionales cubanos y su calidad técnica», son elementos que apuntan. También el no haber perdido la oportunidad de superarse profesionalmente, y él es una muestra de esa disposición que también hemos encontrado en muchísimos colaboradores de una u otra misión.

Dixan se hizo máster en urgencia estomatológica, alcanzó el Diplomado de Educación Médica Superior e hizo módulos de su especialidad. Aceptar y cumplir responsabilidades de dirección también ha sido un reto y una enseñanza, por eso va con todo y se siente portavoz de una juventud que tampoco ha desaprovechado su tiempo en Venezuela con experiencias de trabajo y de vida en un lugar «donde el capitalismo tocó fondo».

«Estoy en la Comisión de Eficiencia Económica y transmitiremos la experiencia de estructuras probadas en la Misión Médica para mantener niveles de servicio y calidad con la menor plantilla, y este es también el accionar de todas las misiones. Un tema medular en Cuba, y allí lo expondremos».

Nos quedan el dirigente juvenil Arley Santana, que lleva a todas partes su razonada y apasionada defensa de la Revolución; y la taewandoca Yaremis Leyva Ross, también consciente, en su Misión Barrio Adentro Deportivo, de que cada generación tiene su momento.

Como resumiera el médico Fausto Despaigne, que llama a «darse cuenta de las esencias del magisterio de Fidel cuando nos queda mucho por hacer, por intentar, aun en los momentos más duros, y este es uno de ellos, a escala internacional. Pero vamos a defender la Revolución también con las ideas, con lo que tenemos en la conciencia, enriquecida con nuestra estancia en Venezuela».

Sí, se trata de una obra de pensamiento… y con el corazón juvenil de estos muchachos, todo se logra.

 

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