Nacionales

23.nov.2015 / 11:39 am / Haga un comentario

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Un 23 de noviembre, hace 53 años, Caracas alumbró al hombre que le tocaría la más grande responsabilidad que puede tener un venezolano: la Patria de Bolivar y Chávez.

Nicolás Maduro Moros, un chamo nacido y criado en el Valle de Caracas, al calor de la lucha revolucionaria y al ritmo de la trova, la salsa y el rock antimimperialista, se forjó como un alma justa amante del pueblo.

Un día, hasta fue regañado por el propio Alí Primera, cuando siendo menor de edad, pretendió de servirle de escolta al cantor del Pueblo. “Váyanse a sus casas, carajitos”, exclamó Alí al grupo de adolescentes envalentonados que querían escoltarlo del Nuevo Circo hasta Longaray, a pie. Allí estaba Nicolás, aún no le crecía el bigote.

Casi una década después, el joven ya Maduro, nació nuevamente, como todo el pueblo venezolano nació aquel 4 de febrero de 1992, en un parto que duró casi 2 años.

Allí conoció a su padre, nuestro padre, el Comandante de las causas justas, el Comandante de la Patria, ese que nace cada 100 años cuando despierta el Pueblo.

Desde entonces, con más amor que obediencia y con más lealtad que disciplina, se convirtió en uno de los soldados más cercanos al Gigante que cambió nuestra historia.

Desde esa tarde lluviosa del 5 de marzo a las 4:25, con el dolor más grande que puede sentir un ser humano entre pecho y espalda, Nicolás Maduro Moros tomó el morral de la historia sobre sus hombros, para llevarlo junto al Pueblo de Chávez.

Con el Mazo Dando

 

 

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