Curiosidades

15.mar.2009 / 11:14 pm / Haga un comentario

Este artículo fue originalmente publicado en Project Syndicate.

NUEVA YORK – Algunos pensaban que la elección de Barack Obama revertiría las cosas para Estados Unidos. Como no fue así, incluso después de la sanción de un gigantesco paquete de estímulo, la presentación de un nuevo programa para hacer frente al subyacente problema inmobiliario y varios planes para estabilizar el sistema financiero, ya empiezan a culpar a Obama y a su equipo.

Obama, sin embargo, heredó una economía en caída libre, y difícilmente hubiera podido revertir las cosas en el corto tiempo que transcurrió desde que asumió la presidencia. El presidente Bush parecía un ciervo encandilado por los faros -paralizado, incapaz de hacer prácticamente nada- durante los meses anteriores a abandonar el cargo. Es un alivio que Estados Unidos finalmente tenga un presidente que puede actuar, y lo que ha estado haciendo marcará una gran diferencia.

Desafortunadamente, lo que está haciendo no es suficiente. El paquete de estímulo parece grande -más del 2% del PBI por año-, pero una tercera parte está destinada a recortes impositivos.

Casi la mitad del estímulo no hace más que compensar el efecto contraccionario de la reducción de personal a nivel estatal. Los 50 estados de Estados Unidos deben mantener presupuestos equilibrados. Los déficits totales se calculaban en 150.000 millones de dólares hace unos meses; hoy la cifra debe ser mucho mayor -de hecho, sólo California enfrenta un déficit de 40.000 millones de dólares.

Los estabilizadores automáticos de Estados Unidos -la progresividad de nuestros sistemas tributarios, la fortaleza de nuestro sistema de asistencia pública- se han visto seriamente debilitados, pero ofrecerán cierto estímulo, a medida que el déficit fiscal esperado trepe al 10% del PBI.

En resumen, el estímulo fortalecerá la economía de Estados Unidos, pero probablemente no sea suficiente para restablecer un crecimiento robusto. Esas son malas noticias para el resto del mundo, también, ya que una recuperación global fuerte requiere de una economía norteamericana fuerte.

La demora en la reestructuración bancaria es costosa, tanto en términos de los eventuales costos del rescate como del daño a la economía general en el ínterin.

A los gobiernos no les gusta admitir los costos totales del problema, de modo que le dan al sistema bancario apenas lo suficiente para sobrevivir, pero no lo suficiente como para devolverle la salud.

Se puede esperar que los banqueros actúen en interés propio en base a incentivos. Los incentivos perversos alimentaron la excesiva toma de riesgos, y los bancos que están al borde de la quiebra pero son demasiado grandes como para quebrar volverán a actuar de la misma manera. Sabiendo que el gobierno recogerá los pedazos si fuera necesario, pospondrán la resolución de las hipotecas y pagarán miles de millones en bonos y dividendos.

Socializar las pérdidas al mismo tiempo que se privatizan las ganancias es más preocupante que las consecuencias de la nacionalización de los bancos.

El efecto derrame en la economía casi nunca funciona. Inyectar dinero en los bancos no ayudó a los propietarios de casas: los remates siguen aumentando.

La falta de transparencia metió al sistema financiero norteamericano en este problema. La falta de transparencia no lo sacará de esta situación.

Las pérdidas bancarias ya ocurrieron y sus ganancias ahora deben producirse a expensas de los contribuyentes.

La era de pensar que se puede crear algo de la nada debería terminar. Las respuestas miopes de los políticos -que esperan arreglárselas con un acuerdo que es demasiado pequeño como para complacer a los contribuyentes y lo suficientemente grande como para complacer a los bancos- sólo prolongará el problema. Se está vislumbrando un callejón sin salida.

Se necesitará más dinero, pero los norteamericanos no están de ánimo para ofrecerlo -ciertamente, no en los términos que se han visto hasta ahora-. El pozo de dinero tal vez se esté secando y con él, también, el optimismo y la esperanza legendarios de Estados Unidos.

 

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