22.ene.2010 / 07:58 pm / Haga un comentario

He escuchado muchos relatos acerca de lo ocurrido aquel día, en la escuela siempre me dijeron que el 23 de enero de 1958 nació la democracia en Venezuela. Pero luego de entender el significado de aquella palabra griega Demos PUEBLO y Kratos PODER, y ver lo que paso en nuestro país después de la caída del General Marcos Pérez Jimenez, algo tengo claro, el 23 de enero no nació la democracia, simplemente fue el fin de una tiranía.

El pueblo que salió valientemente a las calles, pronto vio esfumarse sus esperanzas de cambio. La élite política, desconectada de la realidad que se vivía a lo largo y ancho de nuestro país, se apresuro a repartirse el botín y a entregar a las grandes transnacionales el petroleo y todas las riquezas. Muchos suponían que se acabarían los presos políticos, las torturas y la exclusión. Lamentablemente no fue así.

Tres días antes en Nueva York, Rómulo Betancourt (AD), Rafael Caldera (COPEI) y Jóvito Villalba (URD) firmaban, en presencia de Maurice Bergbaum, jefe de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, el “pacto de Nueva York” que luego sería reafirmado el 31 de octubre de 1958 naciendo así el “pacto de Punto Fijo” un concenso de élites que traicionó las luchas populares que condujeron al cambio del sistema político venezolano. El gran excluido fue el Partido Comunista de Venezuela, el cual participó activamente en la Junta Patriotica y en la lucha por la democracia en nuestro país. Los “padres de la democracia venezolana” reproducian otra de las prácticas del tirano derrocado.

¿Qué cambió entonces el 23 de enero de 1958? Quienes usurparon el poder, simplemente eran servidores de pasado en copa nueva. Pero el pueblo siguió luchando, muchos jóvenes se fueron a las montañas y nacian por todos los rincones campamentos guerrilleros. En 1998, cuarenta años después de la caida del tirano, es que el pueblo pudo tomar el poder. Por eso hoy cuando el pueblo refunda la patria y construye nuevos procesos de participación y organización para la transformación social, es que podemos ver que la lucha no fue en vano y que hoy la democracia es una realidad. La esperanza no había muerto pese a la traición.

Heryck Rannyer Rangel Hernández

Tucupita, 22 de enero de 2010.

 

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