4.feb.2012 / 06:46 pm / Haga un comentario

Prensa JPSUV.- El levantamiento popular del llamado “Caracazo” o “Sacudón” en contra las medidas neoliberales impuestas por el FMI y por el sistema político dominante en Venezuela, representó también el momento en el cual la élite política bipartidista y sus aliados de la burguesía, se vieron sobrepasados por los hechos y optaron recurrir al uso masivo de la fuerza para sostener el orden social dominante y las instituciones del Estado burgués. Pero esta respuesta represiva hacia los sectores populares, en vez de favorecerlos, generó un mayor desconocimiento de las instituciones (incluidas las FF.AA.) y una deslegitimación de la élite política y del sistema de alianzas que sostenía a la clase política, acelerándose con ello el declive ideológico del Pacto de Punto Fijo, que pudo apreciarse no sólo en la ruptura de la cohesión del discurso dominante, sino también en las contradicciones aparecidas en la dirigencia política del bipartidismo.

Las Fuerzas Armadas como institución integrante del Estado venezolano, no podían estar ajenas a la situación económica, social, política e ideológica por la que atravesaba el país, no sólo porque sus integrantes forman parte de la población venezolana, sino porque además desde el inicio de la democracia representativa, se hizo evidente la existencia de distintas corrientes políticas dentro de la institución castrense y estas corrientes, generaron contradicciones que a la larga derivaron en levantamientos militares y cívico-militares en contra de los gobiernos puntofijistas y del propio Pacto de Punto Fijo.

Los levantamientos armados (militares y cívicos-militares) durante el gobierno de Rómulo Betancourt, entre los que destacan el Porteñazo, el Carupanazo, el Barcelonazo y el Güairazo, fueron sólo la demostración de la existencia de contradicciones entre sectores de las Fuerzas Armadas y la élite política puntofijista. Estos levantamientos, demuestran la existencia de corrientes nacionalistas y revolucionarias dentro de las FF.AA., que mostraban serias divergencias con las políticas gubernamentales y con el modelo político y económico del puntofijismo.

El surgimiento del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200), es producto de las propias contradicciones internas existentes dentro de las FF.AA., las cuales permitieron el surgimiento de un liderazgo joven y audaz dentro de la oficialidad media. Estos jóvenes oficiales cuestionaban la corrupción (económica, moral y política), la democracia representativa, en tanto se había constituido como un sistema elitesco y clientelar. En respuesta, elaboraron los lineamientos de un Proyecto Nacional inspirado en las ideas y en las acciones de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora (árbol de las 3 raíces); en suma, un concepto teórico-ideológico (árbol de las 3 raíces) que constituye el sustrato ideológico de la Revolución bolivariana.

La rebelión cívico-militar del 4 de febrero de 1992, aunque no alcanzó los objetivos que se había propuesto, sí generó en los distintos sectores de la sociedad venezolana, la necesidad de una transformación revolucionaria del sistema social existente. Adicionalmente, desde el punto de vista político, el hecho de que el Comandante Chávez asumiera la responsabilidad y las consecuencias de sus acciones significó la encarnación de la esperanza de un pueblo a través de un nuevo liderazgo, que contrastaba ampliamente con el proceder cobarde de la élite corrupta del puntofijismo.

Luego del 4 de febrero de 1992, se amplió la posibilidad de construir una alianza cívico-militar, que fortalecida con las ideas y los planteamientos de diversos sectores sociales y políticos, dio origen a la plataforma política que llevaría a Hugo Chávez a ganar las elecciones en diciembre de 1998, y con él, al pueblo venezolano a iniciar el largo camino de la refundación de la patria y de la consolidación definitiva de la Revolución Bolivariana.

 

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