14.feb.2014 / 03:57 pm / Haga un comentario

Hanthony

Este domingo 16 de febrero conmemoramos 29 años de la nunca bien llorada ausencia física del cantor del pueblo venezolano Alí Primera. Decimos nunca bien llorada porque precisamente fue él quien nos enseñó que “los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.

Ese día la historia, en un manotazo trágico, en la caraqueña autopista Valle – Coche, nos privó de su voz, su guitarra y su optimista sonrisa.

Nunca antes la patria había tenido un cantor que se sembrara en lo más profundo del alma nacional y supiera responder con su praxis a lo que entonaba con pasión de militante revolucionario, sin claudicaciones ni dobleces.

Por siempre se escuchará su comprometido llamado de “Vamos gente de mi tierra”, como una convocatoria de obreros, campesinos, estudiantes, pescadores, en fin, hombres y mujeres llamados a unirse en batalla y victoria por un mundo más justo, incluyente y solidario.

Es su “América Latina obrera” la que no olvida su canto internacionalista, evocando y arengando la causa de Cuba socialista, del Salvador alzando el vuelo sin importar ser un pájaro pequeño, del Chile de Allende, Neruda, Víctor Jara y Violeta, esperando que se volvieran a abrir las “anchas alamedas” por donde transitaría el pueblo; también su canto amigo por Vietnam sabiamente conducido por el “Tío Ho Chi Minh”, o las Panteras Negras del valeroso “Black Power”.

Ese Alí que hizo de su canto una pedagogía amorosa al decirle al abuelo “Perdóname tío Juan”, para explicarle el saqueo a que estaba sometida esta Venezuela del petróleo y del hierro, es el mismo que le dice a su amantísima Carmen Adela “Madre déjame luchar” y evoca con singular ternura aquellas amorosas enseñanzas infantiles que le moldearon el corazón y la mente para enfrentar la inequidad.

De su Paraguaná a Margarita, la isla amada, hermoseada en la voz del trovador consecuente, el panita Alí vive la Juventud Bicentenaria.

 Por: Hanthony Coello

@HanthonyCoello

 

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